Si te gusta trotar en la playa, debes leer esto.

Jue, 18 enero, 2018

Correr por la playa es uno de los grandes placeres que nos brinda la vida, una experiencia increíble que nos reconcilia con la naturaleza y con nuestro propio cuerpo. La brisa, el sol y el olor del mar nos cargan las pilas, llenándonos de energía y haciéndonos sentir ¡libres!.

La adaptación que supone para nuestros músculos y articulaciones el cambio del asfalto por la arena supone un trabajo extra muy interesante. Es una ocasión perfecta para mejorar nuestro estado de forma. En el entorno más propicio posible, lograremos ganar en fuerza y además tendremos la ocasión de practicar ejercicios funcionales, que podremos realizar tanto dentro del agua como en la arena mojada o seca, y que nos servirán para mejorar nuestra estabilidad y nuestro equilibrio.

¿QUÉ SE TRABAJA MÁS?

Si corremos en la arena, mejoraremos ante todo la fuerza y la potencia de nuestra zancada de manera natural. También el equilibrio, la estabilidad y la resistencia aeróbica, ya que en menos tiempo conseguimos un desgaste físico mayor al entrenar sobre una superficie inestable. Por ese motivo, las sesiones no deben ser muy largas.
¿CÓMO PLANIFICAMOS LA SESIÓN?

Siempre debemos hacerlo de manera progresiva, tanto en tiempo como en exigencia. Antes de empezar, siempre deberíamos buscar el asesoramiento de profesionales en la materia que son los que realmente nos pueden dar el empujón que necesitamos para sacar el máximo partido a cada sesión.
¿PASOS CORTOS O ZANCADAS?

Dependerá de la parte de la playa en la que corramos y si lo hacemos con o sin zapatillas. En arena dura (la más próxima al mar) podremos hacerlo de las dos maneras, con pasos cortos y zancadas más largas. Lo importante es correr de la manera más natural posible.

En la arena seca, es mejor dar pasos más cortos para evitar así que nos desequilibremos.
¿CON ZAPATILLAS O DESCALZOS?

¡Descalzos! Además de la increíble sensación de libertad que nos hace experimentar, pisar directamente con el pie desnudo nos aporta una mayor estabilidad y más seguridad. Al sentir tan intensamente el contacto con la superficie, podemos mejorar la reactividad de nuestra pisada, potenciando nuestro impulso, y permitiendo la adopción de una posición del tronco más efectiva.
Con zapatillas lo mejor es que sean pasos más cortos para buscar un poco más estabilidad, ya que el cuerpo siempre irá un poco más retraído.

 

¿LA ARENA ES LA MEJOR SUPERFICIE?

Dependerá del objetivo que nos planifiquemos para cada sesión. La arena es perfecta para llevar a cabo un trabajo intenso de fortalecimiento, ya que potencia a tope la zancada. Sin embargo, hay que tener cuidado con los desniveles para evitar posibles lesiones.
¿CÓMO EMPEZAR?

Es impottante hacer ejercicios de estiramiento y calentamiento, luego se debe arrancar intercalando entre caminar y trotar,  para  que la adaptación sea progresiva y así evitar las posibles lesiones producidas por la sobrecarga.
¿ES BUENO CORRER EN EL AGUA?

Corriendo en la orilla del mar, con el agua a media altura, conseguiremos añadir resistencia a nuestro avance, dependiendo de lo que nos cubra. El gran inconveniente de entrenar de esta manera es que la resistencia hace que perdamos la técnica.
¿ES ÚTIL COMO REHABILITACIÓN?

Practicar el running sobre la arena puede ayudarnos a mejorar en nuestra recuperación de algunas lesiones como las fascitis plantar. El impacto sobre nuestras articulaciones es mucho menor que sobre el asfalto y también será un alivio para nuestras rodillas.
¿QUÉ DEBEMOS TENER EN CUENTA?

Es conveniente hidratarse antes, durante y después de cada entrenamiento. No debemos olvidar de aplicarnos protección solar, así el cielo esté nublado.

No es recomendable practicar ningún tipo de ejercicio físico en las horas centrales del día, en las que el sol está más fuerte. Ante cualquier sensación extraña o mareo, se debe interrumpir la actividad. Y para terminar.. ¡premiarnos con un buen baño!

Fuente: http://www.elmundo.es/vida-sana